DESDE EL JARDIN JERZY KOSINSKI PDF

And from what author Jersy Koskinski writes in the first few pages, a reasonable take on the back-story goes like this: main character Chances mother died in childbirth, If you listen to audio books you will enjoy this classic performance by Dustin Hoffman. And then over the next several years, probably the result of some type of brain-damage, observing the baby develop or not develop , the little boy is labeled simple-minded. Chance would do exactly what he was told or else he would be sent to a special home for the insane where, the Old Man said, he would be locked in a cell and forgotten. Nothing like an ominous threat to keep your simple-minded son within the walls of your property, spending his life tending the garden and watching TV in his room. Since the novel is written in objective third-person, we are given a clear view of how everybody around Chance aka Chauncey Gardner is duped by his honest, straight-forward manner and his speaking about his gardening and watching TV as he answers questions on such topics as the economy and international politics and life and death.

Author:Yozshusho Vudojar
Country:Chile
Language:English (Spanish)
Genre:Marketing
Published (Last):21 January 2012
Pages:420
PDF File Size:9.3 Mb
ePub File Size:10.22 Mb
ISBN:320-3-85803-224-6
Downloads:76363
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Musar



Cualquier similitud con personajes o situaciones del pasado o del presente es puramente accidental, y no se los debe identificar con ninguna persona o hechos reales. Chance estaba en el jardn.

Se mova con lentitud, arrastrando la manguera verde de uno a otro sendero mientras observaba atentamente el fluir del agua. Delicadamente fue regando cada planta, cada flor, cada rama del jardn.

Las plantas eran como las personas: tenan necesidad de cuidados para vivir, para sobreponerse a las enfermedades, y para morir en paz. Sin embargo, las plantas diferan de la gente. Ninguna puede reflexionar sobre si misma ni conocerse; no existe ningn espejo en que pueda reconocer su rostro; ninguna puede obrar intencionadamente; no le queda sino crecer y su crecimiento carece de sentido, puesto que no puede razonar ni soar.

Las plantas gozaban del resguardo y proteccin del jardn, separado de la calle por un alto muro de ladrillos rojos cubiertos de hiedra, cuya paz no perturbaba siquiera el ruido de los coches que pasaban. Para Chance las calles no existan. Si bien nunca haba abandonado la casa y su jardn, la vida que transcurra del otro lado del muro no despertaba su curiosidad.

El frente de la casa donde habitaba el Anciano, podra haber sido parte del muro o de la calle. Nada indicaba que hubiera all algn ser viviente. En los fondos de la planta baja, que daban sobre el jardn, viva la criada. Pasillo por medio estaba la habitacin de Chance, su cuarto de bao y un corredor que conduca al jardn. Lo que el jardn tena de particularmente atractivo era que, en cualquier momento en que se detuviera en los angostos senderos, entre los macizos de arbustos o entre los rboles, Chance poda comenzar a dar vueltas sin saber a ciencia cierta si avanzaba o retroceda, si sus pasos lo acercaban o lo alejaban del lugar de donde haba partido.

Lo nico importante era seguir su propio ritmo, como las plantas en su crecimiento. De vez en cuando, Chance cerraba el paso de agua y se sentaba sobre el csped a reflexionar. El viento, ajeno a la direccin en que soplaba, meca los arbustos y los rboles. El polvo de la ciudad se asentaba uniformemente, oscureciendo las flores que pacientemente aguardaban el lavado de la lluvia y luego los rayos del sol que las secaran.

Sin embargo, a pesar de la vida que bulla en l, aun en el momento de su mximo esplendor, el jardn era la tumba de s mismo. Bajo cada rbol Y cada arbusto haba troncos que se pudran y races que se desintegraban. Resultaba difcil saber qu era ms importante: la superficie del jardn o la tumba en la que se originaba y en la que recaa constantemente.

Haba, por ejemplo, cerca del muro unos setos vivos que prosperaban con total indiferencia por las plantas vecinas; crecan con mayor celeridad sofocando a las flores ms pequeas y aduendose del terreno de los arbustos ms dbiles. Chance entr en la casa y puso en funcionamiento el aparato de televisin. El aparato creaba su propia luz, su propio color, su propio tiempo. No estaba sometido a las leyes fsicas que acababan siempre por doblegar a las plantas.

Todo en la pantalla apareca en forma confusa y entremezclada, pero al mismo tiempo suavizada: el da y la noche, lo grande y lo pequeo, lo flexible y lo quebradizo, lo suave y lo spero, el calor y el fro, lo cercano y lo distante. En ese mundo en colores de la televisin, la jardinera era como el bastn blanco de un ciego.

Cambiando de canal, Chance poda modificarse a s mismo. Al igual que las plantas del jardn, pasaba por distintas fases, slo que, a diferencia de ellas, poda cambiar tantas veces como lo deseara con slo dar vueltas al dial. En algunos casos poda desplegar su imagen en la pantalla del televisor tal como lo hacan los actores. Dando vueltas al dial, Chance haca penetrar a los otros en sus ojos.

De ese modo lleg a creer que el solo se confera su propia existencia. La imagen en el televisor se pareca a su propia imagen reflejada en un espejo.

Aunque Chance no poda ni leer ni escribir, se asemejaba ms al hombre de la pantalla que lo que difera de l. Por ejemplo, sus voces eran idnticas. Se sumergi en la pantalla. Como la luz del sol, el aire puro y la llovizna, el mundo ms all del jardn penetr en Chance Y Chance, como una imagen de la televisin, hizo irrupcin en el mundo, sostenido por una fuerza que no poda ver ni saba nombrar.

De repente oy el chirriar de una ventana que se abra encima de su cabeza y la voz de la corpulenta criada que lo llamaba. Se levant con desgano, apag cuidadosamente el televisor y se dirigi al exterior. La criada se haba asomado a una de las ventanas de los pisos superiores y sacuda los brazos. A Chance no le gustaba. Haba venido a la casa poco tiempo despus que la negra Louise se enfermara y regresara a Jamaica. Era gruesa. Proceda del extranjero y hablaba con un acento extrao.

No entenda nada de lo que se hablaba en la televisin, que, sin embargo, miraba siempre en su cuarto. Por lo general, Chance slo la escuchaba cuando le traa de comer y le contaba lo que crea que el Anciano haba dicho.

Ahora le peda que subiera sin demora. Chance comenz a subir la escalera. No confiaba en el ascensor desde la vez que la negra Louise se haba quedado encerrada en el durante horas. Atraves el largo corredor hasta llegar al frente de la vivienda.

La ltima vez que haba estado en esa parte de la casa, algunos de los rboles del jardn, ahora altos y frondosos, eran pequeos e insignificantes. En ese entonces no haba televisin. Al verse reflejado en el gran espejo del vestbulo, Chance record la imagen del nio que haba sido y la del Anciano sentado en un inmenso silln. El Anciano tena los cabellos grises, las manos arrugadas y encogidas; respiraba con dificultad y haca frecuentes pausas cuando hablaba.

Chance recorri las habitaciones, donde pareca no haber nadie; pesados cortinajes apenas dejaban filtrar la luz del da. Lentamente contempl los grandes muebles cubiertos de viejas fundas de hilo y los espejos velados.

Las palabras que el Anciano haba pronunciado la primera vez que lo viera se le haban fijado en la memoria como slidas races. Chance era hurfano y el Anciano lo haba recogido en su casa desde muy nio. La madre de Chance haba muerto al nacer l.

Nadie, ni siquiera el Anciano, le quiso decir quin era su padre. Si bien aprender a leer y escribir estaba al alcance de muchos, Chance nunca lo lograra. Tampoco iba a poder entender todo lo que le dijeran, ni lo que se conversara a su alrededor. Chance deba trabajar en el jardn, donde cuidara de las plantas y el csped y los rboles, que all crecan en paz. Sera como una de las plantas: callado, abierto y feliz cuando brillara el sol, y melanclico y abatido cuando lloviera.

Su nombre era Chance porque haba nacido por casualidad. No tena familia. Aunque su madre haba sido muy bonita, haba padecido de la misma falta de entendimiento que l; la delicada materia del cerebro, de la que brotaban todos los pensamientos, haba quedado daada para siempre.

Por consiguiente, Chance no poda aspirar a ocupar un lugar en la vida que llevaba la gente fuera de la casa o de la verja del jardn. Su existencia deba limitarse a sus habitaciones y al jardn; no deba entrar en otras partes de la casa ni salir a la calle.

Louise, la nica persona con quien tendra trato, le llevara la comida a su cuarto, donde nadie ms podra entrar. El Anciano era el nico que poda caminar por el jardn y sentarse all a descansar. Chance deba hacer exactamente lo que se le indicaba, pues en caso contrario sera enviado a un hogar para enfermos mentales, donde -le dijo el Anciano- lo encerraran en una celda y se olvidaran de l. Chance haba obedecido siempre las rdenes recibidas; la negra Louise tambin.

Chance empuj la pesada puerta y la voz estridente de la criada fue como una sacudida. Entr y se encontr en una habitacin dos veces ms alta que las dems. Las paredes estaban revestidas de estanteras llenas de libros. En una de las mesas haba varios cartapacios de cuero. La criada hablaba a gritos por el telfono.

Se dio vuelta y, al verlo, seal el lecho. Chance se acerc. El Anciano estaba sostenido por firmes almohadones y pareca estar en suspenso, como si estuviese escuchando atentamente el murmullo engaoso de una gotera.

Sus hombros descendan en ngulos agudos y la cabeza penda hacia un costado, como un fruto pesado de una rama. Chance clav la vista en el plido rostro del Anciano. Tena un solo ojo abierto, como los pjaros que a veces aparecan muertos en el jardn; el maxilar superior le caa sobre el labio inferior. La criada colg el receptor y le inform que acababa de llamar al mdico que no demorara en llegar.

Chance contempl una vez ms al Anciano, murmur unas palabras de despedida y se retir. Una vez en su habitacin, encendi el televisor. DOS Ese da, ms tarde, cuando Chance se encontraba mirando la televisin, oy un ruido como de lucha en los pisos superiores de la casa.

Sali de su habitacin y, ocultndose detrs de una enorme estatua en el vestbulo de entrada, vio cmo unos hombres se llevaban el cuerpo del Anciano. Desaparecido ste, alguien tendra que ocuparse de decidir qu sucedera con la casa y que haran l y la nueva criada.

En la televisin, cuando alguien mora, se producan todo tipo de cambios de los que eran autores los parientes, los funcionarios de los bancos, los abogados, los hombres de negocio. Pero pas el da sin que nadie se acercara a la casa. Chance comi ligeramente, mir un rato la televisin y se acost a dormir. A la maana siguiente se levant temprano; como de costumbre; tom el desayuno que la criada le haba dejado a la puerta de su habitacin y sali al jardn.

Removi la tierra alrededor de cada planta, inspeccion las flores, cort las hojas secas y pod los arbustos. Todo estaba en orden. Haba llovido durante la noche y abundaban los pimpollos recin abiertos.

Se sent a descansar al sol.

LEY ANTITRAMITES DECRETO 0019 DE 2012 PDF

"DESDE EL JARDÍN", libro recomendado de Jerzy Kosinski

.

CHRISTOPHER STOAKES PDF

Desde El Jardin - Jerzy Kosinski

.

HANA PESTLE NEED SHEET MUSIC PDF

Desde el jardín, de Jerzy Kosinski

.

MANUAL DE PRIMEROS AUXILIOS ACHS PDF

Desde el Jardín- Jerzy Kosinski

.

Related Articles